Moisés by Mariela Sancari.

by Erik Kessels. 

 

Many artists return to themes like love, birth, and death in their works. The best give these universals a unique and personal quality. In my experience, one of the strongest examples is Seichi Furuya, a Japanese photographer who followed his schizophrenic wife throughout her illness, all the way to her sad and premature end. Furuya’s project is perhaps the most intimate of works as the photographer provides both an objective lens and the extreme subjectivity of a husband’s eye. 

For me, the best photographers are those who dare to document such grief. Think also of the series by Nobuyoshi Araki of his wife’s passing, Mitch Epstein’s iconic Family Business, Paul Fusco’s RFK Funeral Train (personal grief on a national scale) and Miyako Ishiuchi’s portrait of her mother’s clothes. Perhaps photographers are drawn to death because of both its inherent mystery and the opportunity to excise their demons. Photography as therapy.      

Besides these internal aspects, the more personal a project is the more chance it has to cut through the external clutter of our image-saturated culture. The story behind a series is now as vital as the work itself. Personal narratives about images create depth and meaning, elevating a photograph, making it truly human. The photographers and artists who go beyond shallow aestheticism are the most interesting. Technical skill can be taught and mastered: exposing your vulnerabilities in the hope of making a connection is far, far harder.          

For all these reasons, it’s very exciting to stumble across a work with both a strong idea and a story. From the moment I saw Moisés by Mariela Sancari, I fell in love. 

Mariela’s project was sparked by her father’s death, and specifically by not being allowed to see his body. She still doesn’t know why this was the case — perhaps it was due to the cause of death (a suicide) or related to her family’s religious beliefs. 

To find closure, Mariela placed a classified ad featuring an old portrait of her father. She asked men of her dad’s age to study the image and contact her should they see a resemblance.

Despite the unusual nature of the request, she got the help she needed. The result is a touching series of portraits, each showing a man who embodies an aspect of Mariela’s father.

But this reconstruction goes beyond passing likenesses. Sancari asked the men to wear her father’s clothes, including one in which a stand-in dad is shown combing Mariela’s hair. While the portraits are otherwise straightforward, knowing the story behind them gives you goose bumps.    

  This is a moving project visualizing the journey of a young woman trying to find peace. Furthermore, it’s a demonstration of how the addition of the personal can give photography incredible power.  


Moisés, por Mariela Sancari.

Texto de Erik Kessels. 

 

Muchos artistas regresan con su obra a temas como el amor, el nacimiento y la muerte. Los mejores consiguen dotar a estos conceptos universales de un carácter único y personal. Mi experiencia me dice que uno de los ejemplos más poderosos es Seichi Furuya, un fotógrafo japonés que siguió a su esquizofrénica mujer a través de la enfermedad, la acompañó durante todo el camino y hasta la muerte prematura que ésta sufrió. El proyecto de Furuya es quizás el más íntimo de los trabajos puesto que el fotógrafo nos ofrece tanto la lente objetiva como la extrema subjetividad de su mirada como esposo.

En mi opinión, los mejores fotógrafos son aquellos que osan documentar profundo dolor. Pensemos por ejemplo en la serie de Nobuyoshi Araki sobre el fallecimiento de su esposa, la icónica serie Negocio familiar, de Mitch Epstein, el tren funerario de Robert F Kennedy, de Paul Fusco (dolor personal a escala nacional), o el retrato del vestuario de su madre, firmado por Miyako Ishiuchi. Quizás a los fotógrafos les atraiga la muerte tanto por el misterio inherente como por la oportunidad de exorcizar sus demonios: la fotografía como terapia.

Además de estos aspectos internos, cuanto más personal es un proyecto más oportunidad tiene éste de abrirse camino entre el revoltijo externo de nuestra cultura saturada de imágenes. La historia que se esconde detrás de una serie fotográfica es tan decisiva como el propio trabajo. Las narraciones personales sobre las imágenes crean profundidad y dotan de significado, elevan una pieza fotográfica y la convierten casi en humana. Los fotógrafos y los artistas que van más allá de la estética superficial resultan los más interesantes. Se puede aprender y llegar a dominar la destreza técnica, si bien exponer las vulnerabilidades con la esperanza de establecer conexión es considerablemente más arduo.

Por todas estas razones, resulta muy emocionante encontrar trabajos que contengan ideas y una historia. Desde el momento en que vi Moisés, por Mariela Sancari, caí enamorado.

El proyecto de Mariela se desató con la muerte de su padre, concretamente por el hecho de que no se le permitiera ver el cadáver. La autora desconoce aún por qué se desarrollaron de este modo los acontecimientos; quizás se deba a la causa de muerte (suicidio) o por motivos de la creencia religiosa de su familia.

Para poder aceptar el fallecimiento, Mariela colocó un anuncio clasificado que mostraba un retrato de su padre. Solicitaba a hombres de la edad de su padre que observaran la imagen y se pusieran en contacto con ella si encontraban algún parecido consigo mismos.

A pesar del carácter poco habitual de la solicitud, la autora recibió la ayuda que buscaba. El resultado es una conmovedora serie de retratos; cada uno muestra a un hombre que encarna un aspecto del padre de Mariela.

La reconstrucción va más allá del parecido con el finado. Sancari pidió a los hombres que se pusieran prendas de ropa de su padre, incluida una en la que se muestra un padre sustituto peinando a Mariela. Si bien los retratos son sencillos, a uno se le pone la carne de gallina cuando conoce la historia que hay detrás.

Se trata pues de un proyecto conmovedor que visualiza el viaje de una joven en busca de paz. Es además una demostración de cómo al incorporar el significado personal, una fotografía puede volverse increíblemente poderosa.